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| Guille en plena Love is in the air |
Apurando hasta esta última semana para conseguir la entrada (agotadas, suerte que sacaron un cupo extra hace unos días), disfruté del concierto como lo hice en los anteriores, sabía que no me decepcionarían.
Empezó haciéndonos bailar con Los chicos hoy saltarán a la pista, tras una hora de espera, y después de esa currada intro que nos lleva virtualmente a la misma Polinesia Meridional.
Hubo algún que otro problema técnico por el volumen y por ciertos pitidos que provocaba la máquina de humo, pero nada que no pudiera solucionarse. Eso sí, como dijo Guille, "en la intimidad salen mis obsesiones a la luz... Ahora no hay mucha intimidad, pero mis obsesiones siguen ahí", dijo disculpando su perfeccionismo.
Siguió el concierto con Chicle cosmos, La fiesta universal, Red lights, la versión a piano de Yo, también, canción por la que ganó un premio Goya en 2010, Sucumbir, Qué se siente al ser tan joven, Esta noche solo cantan para mí (tremendo homenaje a la música y sus protagonistas), Cerca de Shibuya y dos grandes sorpresas para mí, Vamos a volar, de mis favoritas, y Una cosa o dos, versión piano. También hubo sorpresa cuando tocó Triple salto mortal. Con el mash-up de El sonido efervescente de La Casa Azul, Guille terminó de ganarse al público.
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| Momento Cerca de Shibuya |
El punto emotivo de la noche vino de la mano de La Polinesia Meridional y el piano de Guille; pudimos verle muy emocionado, igual que el público.
Antes de ésta, Guille nos puso los dientes largos tocando el inicio de Me gustas, para luego dejar paso a La Polinesia.
Con Terry, Peter y yo, la audiencia bailó hasta no poder más, igual que con Europa superstar, cantando al declive del viejo continente, con imágenes de Eurovisión y Merkel y Sarkozy de fondo, un tanto hilarantes.
Quiero hacer una mención especial al trabajo de las imágenes y las pantallas del escenario, muy originales. En la versión de Take on me, las imágenes era tan pop y tan arcade que encajaban a la perfección con la música.
Tras Sálvese quien pueda y La niña más hermosa, con sus percusiones correspondientes, fuimos al descanso antes de los bises con las gargantas hechas polvo, medio deshidratados. Me dolían los pies de saltar y de bailar. Me dolía la boca de sonreír, y aún quedaban tres platos fuertes.
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| La vida tranquila, con el "holograma" de Silvia Sanz |
Puso el broche final con Como un fan, a piano, como siempre que la toca en directo. Muchos no pudimos evitar las lágrimas.
¿La gran ausente? Todas tus amigas. Estuvimos esperándola hasta que vimos que en lugar de Guille salían al escenario el personal para recoger los instrumentos.
No me puedo quejar. Nunca me canso de verle en directo. Me encanta corear sus letras, gritarlas, a veces llorarlas, o reír con ellas. Sus melodías simples, pegadizas, sin ornamentos, sin complicaciones. Bajo esa apariencia infantil y naíf, hay miedos e inseguridades por los que todos pasamos, que todos sufrimos en algún momento.
En resumen, fueron más de dos horas de completo disfrute de música en estado puro, a un precio más que asequible. Repetiría una quinta vez sin dudarlo.
Nota: ****/*****
Marta Violet



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